lunes, 10 de junio de 2013

Pulque, my love

¿Qué más descubrí en mi viaje a Tepoztlán, además de las Memorias del maravilloso Neruda? ¡El delicioso pulque del pueblo!

La verdá le había perdido el gusto a la bebida de los dioses desde hace uno o dos años. Me parecía desagradable, espesa, babosa, fea. Antes podía tomarme varios vasos, pero luego algo pasó y ya no podía tomar ni un trago sin sentir asco. Por eso cuando mi mamá me enseñó la pulcata a la que mi hermana suele ir cuando visita el pueblo, me lo pensé dos veces, pero de todos modos entré en honor a los viejos tiempos y a mi amor perdido por el pulque.

El pulque de Tepoztlán, al menos el de esa pulcata, es diferente al del DF (que lo traen de Hidalgo, me parece). No tiene las características que me asquean. No es baboso, ni espeso. Probé un curado de durazno y al dar el primer sorbo estaba ya mentalizada para soportar esa horrible consistencia característica del pulque, pero nunca llegó. La consistencia de este pulque es más ligera, ¿más fina? y agradable para el paladar y la garganta. El curado era dulce y acidito a la vez, y se deslizó suavemente por mi boca hasta mi estómago. Me gustó tanto que quise probar el pulque de sangría y terminé llevándome un vasote a mi casa.

¿Qué puedo decir del pulque de sangría? Lo que yo pueda decir se queda corto, hay que probarlo. Sabía como a vino tinto acidito. El señor nos dijo que lo preparaba con aguamiel, uva y otras cosas que no recuerdo. Me encantó. También hay curados de mojito, cerveza de raíz y otros extraños sabores que espero probar pronto.

Y, pus ya, ahora cada que vaya a quedarme unos días al pueblo, esta pulcata será visita obligada. La mezcalería de la novia coja, entre más coja mejor, que está a una cuadra también me encanta, pero ahí me sale más caro. :D