El otro día después de clase, para no andar tristeando en mi casa luego de la frustrante experiencia que es ser tan pinche fría y seca y no poder coquetearle ni tantito al que me gusta, me fui a dar el minitour por la ciudad. Tomé el metro y me fui a Centro Médico porque pensé "no sé qué hay afuera de esa estación, ni de Eugenia, ni de Etiopía". Y ahí voy con toda la intención de caminar y caminar; tontamente me olvidé que venía cargada y ahí voy de mensa con mi mochila pesada por los libros, el cuaderno, el paraguas, la botella de agua, el estuche de lápices/maquillaje (que ni uso, tons no sé por qué lo cargo), el libro para leer en el metro/rtp y sin nada en mi panza porque la manzana que llevé resultó saber feito. Como sea, después de perderme en el transbordo de la línea de Barranca a la rosa y la café, descubrí que afuera de Centro Médico no hay nada interesante salvo el Centro Médico, duh. Hay un parque y una plaza más para allá y otra pinche plaza más para acá. Cuánta pinche plaza han construido, ¿para qué tanta pinche plaza fea? Por eso tengo muchas ganas de irme al mar, pero este año no será.
Y ya que menciono al mar, estoy leyendo un libro de título extraño, Magos y guerreros. El enigma de los medallones de Constanza Fuentes, que en realidad son tres autoras que firman como una. No es la gran obra de la literatura latinoamericana, pero está chido para pasar el rato, aunque también tiene cosas que qué pedo, como eso de que el malo satánico del cuento escucha a Marilyn Manson... ah, sí, es que se me olvidaba que sólo la gente mala y satánica escucha a M.M. (a mí me gustaba la de "Beautiful People"). La historia se desarrolla en Tecolutla, Veracruz y así como lo describen me dieron ganas de ir porque lo pintan muy bonito... pero quién sabe. Capaz llego y resulta ser una playa contaminada, gris y fea como la playa de Veracruz a la que fui alguna vez, Boca del río. En resumen el libro trata sobre un detective retirado mago blanco que vive en ese lugar y el malote mago negro que acaba de salir de la cárcel y busca venganza (contra el detective que es quien lo metió ahí).
También estoy leyendo Malinche de Laura Esquivel, pero ése merece posto aparte.
Por cierto, apenas me vine a enterar que la estación Viveros tiene nuevo nombre... ¿cómo era? Derechos humanos, creo. Y Zapata, creo, se llama Plaza de la transparencia o una mamadota así. ¡¿Qué pedo?! O sea, QUÉ PEDO. Que chinguen a su puto padre y madre los pendejos a los que se les ocurrieron esas estulteces de nombres.
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