domingo, 9 de junio de 2013

Amores de una noche

Ese Pablo Neruda cuenta en sus Memorias que tenía mucho sexo casual. Una vez quise probar eso de los acostones de sólo una noche. Elegí un wey y le mandé algunos mensajes de texto con la propuesta indecorosa*. Pocas horas después iba camino a mi encuentro con el destino toda feliz y, ¿por qué ocultarlo?, toda mojada.

Lo que prometía momentos de placer, pasión y dulcísimo olvido se convirtió en una cosa rara. Nada te baja más cabronamente la erección que un wey que te dice que también quiere un "coges y te vas" y a la mera hora te recibe con las palabras ojetes que te viene repitiendo desde hace muchos meses cual vil y horrendo muñeco que habla, de esos que repiten sólo dos o tres frases: "no me gustas, me eres bien indiferente", luego te dice "te hice venir para hablar", te pregunta unas mamadas y al final no hay acción. Wey, mejor la mamada me la hubieras dado, así literal.

Yo sólo quería probar, dejarme llevars y olvidars. Por aquellos días yo me sentía muy estresada, triste y frustrada con un jefe incompetente y estúpido, una bruja hipócrita, mentirosa y llena de veneno con la que tenía que pasar encerrada en una oficina todo el día y extrañaba enormemente a un hombre maravilloso con el que compartía mis días felices y que de un día para otro dejó de ser parte de mi cotidianidad. ¿Qué mejor cosa para olvidarse de todo eso que un breve y placentero nublamiento de juicio seguido de una fea cruda moral que duraría algunos días?

Quizá erré con la elección del compañero fugaz, pero no podría haber elegido a otro. La gente publica en fb basura sobre el lenguaje de las mujeres, eso de que sí significa no y la verga, pero en este caso mi propuesta de darle placer al cuerpo era sólo eso, sin significados ocultos; me parece que él creyó otra cosa, quizá pensó que era un pretexto para verlo o qué sé yo. Ya sé que estaba ahí, como sombra, el pasado incómodo e indeleble en el que le dije que lo amo y quería todo con él, pero las personas crecemos y cambiamos; ya no quería ni quiero una relación amorosa ni de amistad con él, sólo quería sexo. Claro que también me cagaba ver cómo me hizo a un lado y prefirió la compañía de mujeres de tercera (una changa fea y estúpida que le coqueteaba sin tener ningún interés real en él, seguida de una putilla provinciana con problemas de autoestima y seguridad que busca ocultar presumiendo ser muy acá**). PERO, de nuevo, ¡yo sólo quería sexo! Ojalá no se hubiera dado sus aires, porque me quedé con las ganas y fue feo.

Quizá algún día vuelva a contemplar la posibilidad del sexo casual. Todo depende, nunca se sabe y espero que mi elección del compañero amoroso sea más acertada.

*Siempre con condón, nadie quiere enfermedades ni embarazos no deseados, guácalas.
**Aquí no buscamos agradar ni caer bien, no somos diplomáticos ni correctos, no somos blancas palomas; aquí no somos gente muy, muy buena como mi hermana o mi amiga.