¿Y este relato soso qué? Ah, pues que me esperan tres fines de semana seguiditos como éste ¡y estoy contenta!, no puedo negarlo. Pero después de esto volveré a mi acostumbrada sobriedad. Sólo ir a tomar (mucho) una vez cada mes (o cada dos o cada tres). ¡Yum!
viernes, 9 de octubre de 2009
Tomo para no enamorarme
No me gusta tomar mucho tan seguido. Tomar poquito "seguido" (o sea una copita un día cada dos semanas), sí. Una de esas veces en las que he tomado mucho fue hace como tres meses; dos amigas y yo hicimos una "ladies night" en la que nos pusimos a beber y beber para desestresarnos y desahogarnos aunque fuera un rato. Ese día me la pasé muy bien. Me largué temprano de mi clase de idioma y fui con las mismas amigas y otros a ver la nueva de Harry Potter. Luego a comer. Después por helado. Un rato después nos fuimos a abastecer. De ahí a una celebración del cumpleaños de nunca supe quién en un barecillo. No quería empezar ahí, pero la cerveza es irresistible. Y es que desde que probé las bebidas alcohólicas por primera vez cuando era niña me hice fans. Como tres horas en el barecillo y de ahí a casa de una de las amigas a comenzar apenas la noche, porque lo del bar fue sólo la entrada. Cuando empezó la cosa jugamos cartas. Cuando ya andábamos mareadas cambiamos el juego y de ahí hubo un momento en el que por alguna extraña razón dejamos de jugar y nos pusimos a hacer confesiones y a contar chismes y a contar cosas tristes. Es inevitable cuando se toma. Y era tan pero tan triste lo que una de ellas contaba de su amigo que yo de plano me puse a llorar con ella. Jajajaja, es que ¡pobre amigo! La otra nomás nos escuchaba y nos veía raro y yo ahí con mis ojos llenos de lágrimas y diciendo "no se vale, no se vale". No me gusta admitirlo, pero a lo largo de la velada vomité. Tres veces. PERO no fue por el vodkita, sino por esa asquerosa bebida enormemente artificial que le agregamos al vodka. Las cosas muy plasticudas me hacen mal a la panza. Lo sé porque luego volví a tomar de ese jugo (o lo que sea) en mi casa, sin alcohol alguno y mi panza se volvió a sentir mal, muy mal. En cambio el alcohol es mi amigo, siempre lo ha sido. En fin. Después de la chilladera, me recosté tantito porque dijeron "son las 6, en una hora nos vamos", tons me recosté y me quedé dormida. Al ratito me despertaron y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no quedarme dormida en el micro camino a mi casa. Llegué y dormí y dormí hasta que llegaron mis primas de visita. No me dio cruda, as always, jaja.