jueves, 15 de octubre de 2009

Rutina

El otro día salí de casa a las 3.45 pm. (o por ahí) y caminé por la calle donde no hay albañiles porque qué lata. El micro se me fue, no lo alcancé aunque corrí gritando "espere, espere", así que tuve que bajar hasta la carretera. Ahí una chica muy llamativa por su pelo güero de farmacia y su ropa ajustada a la última moda hacia voltear cabezas y provocaba chiflidos. Se veía muy bien y con su cara de "¿y esta bola de gatos?" le hizo la parada a un taxi. El micro que tomé, leeento. Corrí para llegar con mi sinodal, la que me agrada más, a la que le tengo más confianza. Nuevas correcciones que me dan hueva. Ahora ya tengo las correcciones de 3 personas acumuladas, pero algún día cercano encontraré el valor para hacerlas. Luego me fui a caminar porque las tardes de otoño en CU son encantadoras y románticas. Lástima que no tenga novio para caminar con él por ahí. Vi a muchas parejas amorosas, pero hubo una en especial que me llamó la atención cuando iba llegando a mi primera facultad. Estaban la chica y el chico (muy pasado de peso) metidos en lo suyo y un poco más atrás estaba un tercero que los observaba. Se notaban los celos en su mirada, jaja, y, sobretodo, la expresión que decía "¿qué hace ella con ese gordo?". Seguí, seguí y cuando iba caminando por la reserva ecológica me acordé del tipo desnudo que Ana decía que se aparecía por ahí. Qué bueno que nunca lo vi, dicen que estaba como drogado. A mí se me hace que estudiaba en la facultad de mi hermana y que cuando ya andaba bien acá se metía a la reserva y se desnudaba para ser uno con la naturaleza, o alguna cosa hippie por el estilo. Caminé y caminé y no me quería ir. Ya al final me subí al micro que va a mi casa que de puro milagro estaba ahí.

Cuántas veces he repetido esta rutina y siempre como la estrella polar que viene sola y muy solita sea va...