viernes, 13 de septiembre de 2013

Yo sí le daba...

"La  justicia, la igualdad de mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución".
-José Martí

La Friki Plaza no me decepcionó. Fui y encontré la película coreana May 18. Ya había escrito que trata sobre la matanza que la milicia hizo de cientos o quizá miles de ciudadanos en Kwangju, Corea del Sur. El infierno sí existe, pero no está debajo del suelo que pisamos y no lo gobierna el diablo, está en la Tierra, lo crean personas enfermas, demonios, como Bush padre e hijo, el Bashar Al Assad, gobernantes priístas como Díaz Ordaz y Peña Nieto, Stalin, Pinochet, Chun Doo Hwan (el militar ojete y ávido de poder que quiso quedar bien con EEUU y ordenó la matanza bajo el argumento de que los protestantes eran comunistas peligrosos) y lo permiten todos esos que permanecen pasivos ante injusticias. Lo que pasó en Kwangju es otro ejemplo de la intervención que EEUU hace en varios países. EEUU se cree la policía del mundo pero más bien es el criminal que jode al mundo. Según este texto, los gringos apoyaron y ordenaron también las acciones militares violentas contra los pobladores de Kwangju, y no lo dudo ni tantito, lo mismo hicieron en Chile con el golpe de Estado a Salvador Allende, quisieron hacerlo en Vietnam, etc., etc. Con películas como ésta te das cuenta de que pasa lo mismo aquí y en China, como lo que pasó hoy con el desalojo de la CNTE del Zócalo: uso de la fuerza en vez de diálogo, detenciones y ataques arbitrarios, policía armada contra civiles desarmados, las mentiras de los medios. El 18 de mayo de 1980 coreano fue como un 2 de octubre de 1968 mexicano o quizá peor.

El guapo Lee Jun Ki brilló en su papel como el joven estudiante de preparatoria Kang Jin Woo. Jin Woo es ese tipo de personajes, de personas, que te inspiran y te motivan y yo sí le andaba aventando mi brassiere, mi calzón y yo sí le andaba dando. En la película, uno de sus amigos muere sin deberla ni temerla en uno de los actos de represión contra universitarios; iba pasando por ahí a la hora y en el lugar equivocados y unos policías lo matan a macanazos. Así serán muy hombres. Jin Woo se indigna, se vuelve líder de su prepa y anima a los demás a protestar por la muerte de un joven inocente (y de muchos otros en las calles). No tiene miedo de salir y alzar la voz por lo que está pasando en su pueblo y sale aun sabiendo que puede morir y aun cuando su hermano y maestros le prohíben participar. Me encantan los hombres (y mujeres y personas en general) que no son agachones, que protestan, que son valientes, que no son apáticos, que se indignan ante injusticias y ponen su granito de arena. Ellos son los que hacen la diferencia, como pasó en Kwangju. Las muertes de quienes salen a protestar no son en vano, no son actos idiotas o suicidas. ¿Qué hay que hacer entonces? ¿Agachar la cabeza? ¿Quedarse en casa como si no pasara nada? No, aunque tampoco hay que ser tan temerarios y exponerse a lo idiota; hay que cuidarse.

Me gustó porque me informó sobre esto que pasó y me inspira y así, pero también le sufrí. Se siente feo ver tanta muerte de inocentes, la desesperanza de un pueblo, y todo por unos malditos enfermos.