Siempre se extrañará y apreciará a esos profesores que te marcaron, que te dieron algo que todos los demás no. En Letras, los que más me marcaron y me dejaron las mejores enseñanzas fueron tres profesores ya entrados en años y dos jóvenes.
Uno de los profesores jóvenes se llama Christian y me da mucha pena decir que no me acuerdo de su apellido. Lo recuerdo con cariño. Él nos dio Inglés II en 2º semestre. Sus clases eran bien planeadas, interesantes, aprendí lo que tenía que aprender y lo aprendí bien; nos dio las bases para toda la carrera. Es un profesor que me dio mucha confianza en mí misma al principio de la carrera, aunque en realidad eso lo hicieron también dos profesoras en 1er semestre con algún comentario fugaz sobre lo bien que había escrito mis ensayos finales: María Pía y Cristina (¿apellidos? tampoco recuerdo, shame on me!). Me dieron lo que necesitaba. Para mí, Christian fue un excelente profesor, y eso que creo que era nuevo en eso de la docencia.
Recuerdo la primera vez que Christian nos pidió un ensayo. Yo lo escribí siguiendo lo que él nos explicó. El resultado fue que éramos un chingo de estudiantes y sólo yo lo hice correctamente. Él me lo dijo, "tú fuiste la única que supo cómo hacerlo" y me señaló las cosas que podía mejorar. La segunda vez que nos pidió un ensayo pasó lo mismo y también se repitió en el primer examen y en el segundo examen y en todos los ensayos que dejó y en todos los exámenes que hicimos. De nuevo, si lo sé, es porque él siempre me lo decía, "you're essay was the best and you were the only one that knew how to write it".
Entré a Letras pensando que mi rendimiento sería un tanto mediocre por más que me esforzara, esto porque en CCH no me iba muy bien en las materias de Taller de lectura y redacción e iniciación a la investigación documental (¿qué tal el nombrecito?). Por si esto fuera poco, en 1er semestre de Letras un profesor de apellido Priego nos dijo que en esa carrera sólo brillaban los que participaban, que los demás éramos de chocolate y que no valía la pena que estuviéramos ahí. Bah, ¿por qué hacerle caso a alguien que faltó 90% de las clases y que dejó a un suplente mediocrísimo? ¿Por qué tomar en cuenta la opinión de alguien que llegaba con una actitud nefasta a darnos clase cuando se le antojaba ir? Quítense ya ese complejo de dios y dejen de juzgar a la gente a la ligera. Yo podría no participar nunca, pero mis ensayos siempre fueron mejores que los de aquellas estrellitas estrelladas que tomaban la palabra cada clase (lo vi porque soy chismosa y me gusta asomar el ojo por aquí, por allá). ¿Escribir bien y saber analizar literatura en un ensayo no vale? Creí que eso era lo que se hacía en Letras. Como sea, fue muy bueno que luego de una experiencia tan mala como la de Priego nos tocara alguien como Christian, a quien luego me encontraba en el Sam's Club con su mamá o enla obra Hamlet en el Teatro de Arquitectura. Ojalá le vaya bien donde sea que esté. :)
*Me encantaba entrar a sus clases y llenarme de la sabiduría que sólo trae la experiencia, en el caso de los grandes. Ellos son Lothar Knauth, un alemán que daba (o da) Historia de Japón del Colegio de Historia; Juan Miguel de Mora en Literatura sánscrita y Literatura vietnamita del Colegio de Hispánicas y Colin White, un inglés en Inglesas. Uno de los jóvenes es Gabriel Sánchez en Letras Clásicas.