martes, 3 de septiembre de 2013

¡Están en Michoacán!

"Todo gran pensador es el estúpido de otro".

Leí El Péndulo de Foucault de Umberto Eco y no me gustó porque el tema de los Templarios no es de mi interés, entre otras cosas. Según leí que El Péndulo es una sátira al esoterismo y así y por eso todo el juego con los números y las letras y los nombres de dios. Pues podrá ser lo que sea, ¿pero a mí qué si me aburrió? Es como en Letras nos decían "es que Joyce y su Dubliners y su Ulysses, sublimes, unas de las obras máximas de la literatura inglesa". Ah, pus sí, pero a mí me llenan de aburrimiento. Repito, eso no significa que no pueda captar o apreciar que sí, son buenos libros, bien construidos, buen manejo del lenguaje y esas madres de las que hablan los de la especialidad de Crítica (una especialidad que me desagrada mucho). En cambio, El nombre de la rosa me encantó, ¿qué pasó, Eco?

Además sentí que se desarrolla en un mundo estrictamente masculino, como las novelas de Julio Verne (o al menos las que yo he leído), y que por ello todo lo ven desde la perspectiva masculina. Eso también me resulta tedioso. Me fastidió que dijeran que Gone With the Wind trata sobre el héroe sureño Rhett Butler, quien intenta cumplir todos los caprichos de Scarlett O'Hara; casi casi me rasgo las vestiduras. ¿Perdón? Rhett Butler sí es un personaje muy importante y de mucho peso, pero Gone With the Wind no gira en torno a él ni a lo que hace por una mujer. La novela gira en torno a la fabulosa Scarlett O'Hara, los demás son secundarios, incluido el Butler, DEAL WITH IT! Y ni hablar de los personajes de Belbo y Casaubon, no me cayeron muy bien.

La parte de los números 36 y 9 y 120 me recordó a un libro que leí, El número 13 en la vida de los aztecas, donde el autor explica que según el mundo prehispánico nahua rigió sus actividades con base en este número y en sus múltiplos.

Todo lo sentí como (una burla d)el ensalzamiento típico que hacen los europeos de lo europeo, que en muchas ocasiones es ridículo. Como cuando dicen que su Stonehenge está a la altura de las pirámides egipcias, mayas o mexicas. Bitch, please! No hay comparación. Y pues me fastidió un poco páginas y páginas de lo mismo. Porque decir (o burlarte) en 10, 20, 50, 60 páginas que los Templarios eran una secta tan cabrona, pero tan cabrona que vive actualmente me pareció realmente tedioso.

Al final, toda su numerología y cosas esotéricas no permitió a los protagonistas descubrir algo bien simple: que los Templarios existen en 2013 y cambiaron de giro. Llegaron a México y ahora se dedican al narco en Michoacán (mal chiste).