Estoy acostumbrada a cohabitar con bichitos. Si veo alguna araña, un grillo, un alacrán dentro de mi casa, nomás los dejo ser en lugar de matarlos. Si están cerca de mí, los alejo. Si no puedo porque es un alacrán o arañota y me da miedo, me cambio de cuarto. Mi papá me enseñó a respetar todas las formas de vida. ¿Cuántos hombres se rifan como él y agarran a los alacranes con un papel y los sacan al jardín en lugar de matarlos? Cualquier wey puede matar algo más débil y casi indefenso (y que aun así tiene capacidad para causar daño si se siente amenazado), no cualquiera lo saca sano y salvo para que siga viviendo. Hay que dejarlos ser.
PERO si bien respeto a (casi) todos los bichillos, hay dos que no soporto: las cucarachas y los cara de niño. Los detesto, llenan de asco mi ser. La naturaleza se manchó con ellos, ¿por qué los hizo tan feos, despreciables y asquerosos? A lo mejor es el llamado karma, ése que te la cobra por haber sido ojete en esta vida y te hace pagar en la próxima. A lo mejor una cucaracha fue Hitler en su vida anterior y hoy yace aplastado afuera de un mercado. A lo mejor Salinas, Peña, FeCal, Fox y toda esa línea de políticos corruptos del México de ayer y hoy reencarnarán en cucarachas o caras de niño.
Por eso me divierte pensar que gente tan despreciable, falsa y dañina como la bruja gorda de U. reencarnará en cucaracha o cara de niño. Es sólo una humilde sugerencia de mi parte para el cosmos, el samsara o lo que sea que decide esto. No se vale que haya gente que cause tantísimo daño al prójimo y no pague por ello.