Me encanta ir a la escuela, estar con niños y tratar de enseñarles inglés. Las niñas me hacen pulseras de papel y me las ponen, otra chiquilla trenza mi cabello, otra peque me dibujó hoy, los niños (y las niñas también) me platican de su vida o de sus gustos, otros me saludan felices si me ven en el patio. Es muy bonito. Pero esto de ser teacher me recuerda que tengo un problema de actitud hacia el estudio (y hacia la autoridad): soy bien reacia a trabajar y estudiar de manera continua; como a muchos de ellos, me pone de malas, me harta, me da hueva. El pedo es que pronto seré la autoridad en el salón, soy la que deberá disciplinar, poner el orden, hacerlos trabajar, y mi actitud es un problema.
No creo en un sistema en el que cada minuto de la clase se utiliza para trabajar y en el que los niños deben estar todo el tiempo sentados. Creo en los descansos intermedios de 5 minutitos luego de una actividad larga. Los niñitos de 1er año me preguntaban a cada rato, "¿cuánto falta para irnos a casa, teacher?", y ¿cómo no comprenderlos cuando toooooda mi vida de estudiante, desde la primaria hasta la universidad, yo fui igual? Si la clase me gustaba, no importaba, siempre contaba los minutos para largarme (y aun con esta actitud ante el estudio siempre obtuve buenas calificaciones y terminé dos carreras completitas con todo y título, ¡vamos a por los posgrados!).
Los peques se levantan, platican, andan rondando el salón. Tengo que disciplinarlos pero me recuerdan tanto a mi Yo de 6 años. Recuerdo que me la pasaba platicando y jugando con mi vecina de banca y por eso me cambiaron de salón a mitad del año. Y el otro día cantaron la canción de "Bingo", there was a farmer who had a dog... ¡qué recuerdos! También a mí me la ponían las teachers cuando era niña. :')
Ni modo. Me pagarán por enseñarles, motivarlos a trabajar y estar sentaditos, no por ir a platicar con ellos o dejarlos jugar. Pero soy afortunada de poder tener un trabajo así y trataré de hacerlo lo más fácil y divertido para ellos sin que se me salgan del huacal. Es que un mundo nos vigila, literal. Cada salón tiene cámaras (Welcome to Orwell's Nineteen Eighty-Four!), y pus no se puede ser tan relax, aunque ellos y yo lo queramos.