miércoles, 17 de abril de 2013

Siempre quiero ir a pecar a la cantina

¡Un post para mi cantina favorita! ¿Cómo no?

Siempre me han gustado las cantinas. Por fortuna para mí, siempre he tenido amigos cantineros, así que no me he quedado con ganas de ir por tal o cual triste circunstancia de la vida, distanciamiento, pelea, enemistad perpetua, etc. Y es que en Filos se decía que de las diferentes Letras, los de Inglesas éramos los más borrachos. Yo creo que es cierto.

Conozco algunas cantinas, no tantas como yo quisiera, pero conozco una cantidad generosa. Hasta ahorita, mi favorita es la que recomendó mi amigo G., El fuerte de la colonia.

¿Qué hay en ella que la hace tan atractiva para mí? ¡Todo! Comenzando por la comida. El fuerte es una cantina de cuatro tiempos. Soy una tragona cuando me lo propongo, lo que deja sorprendidos a muchos cuando ven mi tamaño y complexión. Por lo general logro acabar sin piedad con todos los tiempos, aunque salga rodando. Hay veces en las que sí me vencen, aunque le eche ganas. Pero procuro que eso no pase porque, ¿cómo saltarse un tiempo, cómo dejar comida en el plato? Eso es de débiles. Además, ¡hay tantas cosas apetitosas en todos los tiempos! Lo que yo amo es la carne roja. Lo siento, lo admito, no quisiera, pero soy una devoradora de cadáveres. Se me hace agua la boca tan sólo de recordar la carne suavecita, jugosita. ¡Yumi! Hay gran variedad: pescados y mariscos, pollo, res, cerdo preparados de diferentes maneras.

Si consumes mínimo cuatro bebidas, no pagas el menú. CREO que ya le hallé el truco para consumir todo (cuatro bebidas, cuatro tiempos) y salir con relativa paz estomacal. Si pido puro digestivo, como tequila en caballito, la enorme cantidad de comida no me da tanta lata. Pero eso sí, no abandono mi costumbre de abrir con sangría, lo hago a donde quiera que voy. Cerveza definitivamente no. Es lo más bara pero empanzona y no es de dios lo que sigue: te da asco y se te quitan las ganas de seguir comiendo por ahí del segundo o a mitad del tercer tiempo.

También me gusta el ambiente, muy cantinero. Hay veces en las que está bien de cliché, porque anda un trío por las mesas tocando pura ranchera y bolero llenos de dolors, pero esas veces son las que más lo disfruto. A veces hay mucho godínez, pero ñeh.

And last but not least, ¡tiene las puertas que me gustan! ésas que se empujan para que uno entre con actitud de 'ya llegué, perros'.