Soñé con Marco. Hace semanas que no me pasaba, desde aquel sueño en el que lo maté y lloré y lloré. Creo que fue porque ayer fui a ver La delicadeza (La délicatesse) a la Cineteca. Me encantó esa película. Estuvo en el Tour de cine francés del año pasado, pero en ese entonces estaba en Univ. y no me daba tiempo para casi nada.
Audrey Tautou interpreta a la protagonista, Nathalie. Me agrada Tautou, con su belleza simple y natural, nada muy espectacular, casi nada de maquillaje. Nathalie es una viuda que redescubre el amor en un compañero del trabajo, un hombre sencillo, tierno, amable y poco atractivo, luego de haberse cerrado a la experiencia amorosa por años, tras la muerte de su esposo. El personaje, su coworker, se llama Markus, de ahí la referencia a Marco, mi coworker.
No voy a contar la trama a detalle. Sólo diré que me hizo recordar una reflexión que quería tuitear hace tiempo sobre los hombres de mi vida, pero que luego olvidé.
Con O. conocí el amor, el amor de a de veras y no mamadas. También aprendí sobre el lado oscuro: nunca lastimes a alguien que te ama. NUNCA. Es la peor de las traiciones y por ello uno merece el peor de los castigos. Yo le jugué mal, pero creo que ya pagué el daño que le hice (y con intereses). Me alegra que un hombre sencillo, amable, muy amoroso, fiel, apasionado, dulce, tierno, detallista y guapo (me encantaba) haya sido mi primer amor. Recuerdo con mucho cariño las cartas que me escribió (todavía las tengo), las flores que me dio, los peluches, los regalitos. Sí existe el amors eterno y, si bien ya no lo siento como en aquel entonces, siempre le tendré cariño.
Con Ad. aprendí que hay otros hombres interesantes y que aunque una cree que el primer amor se mantendrá por siempre igual, eterno, siempre juntos, no es así. Otros llegan a moverte el tapete gacho.
Con Os. aprendí que hay hombres poco atractivos que pueden llegar a ser más guapos que el más guapísimo. Os. era un hombre bueno, sencillo, amable. Me gustaba mucho.
Con I. aprendí que el que te gusta no siempre va a corresponderte. Yo ya sabía eso, pero no lo había vivido. Él me bateó así bien buena onda, bien comprensivo, bien dulce. Siempre procuró no lastimar mis sentimientos, así como debe hacerse, un corazón es algo muy frágil.
Con C. (alias flor) aprendí que el amor no lo puede todo y que hay que poner mucha atención a qué clase de persona le abre y le entrega uno el corazón. Es muy importante elegir a un hombre de mente sana y hacer caso a los focos rojos que se prenden ante ciertas actitudes y comportamientos que el otro tiene para con nosotras. Con él aprendí lo cruel que puede llegar a ser alguien y que hay gente dañada a la que le valen madre tus sentimientos y que no dudará en lastimarte a propósito, que no dudará en destruirte. Aunque lo ames, eso no les importa.
Con M. aprendí que siempre hay otro hombre, a pesar de las malas experiencias y la desesperanza que éstas causan. Aprendí que aunque estés lastimada, triste, por los suelos, siempre habrá un nuevo amor que te ayudará a sanar, que te regresa la esperanza. Con M. recordé el tipo de hombre que yo quiero para compartir mi vida. C. parecía ser ese hombre, pero demostró que no. M. me recordó lo que yo busco, lo que quiero y merezco: un hombre bueno, tierno, cariñoso, que me ame, que me haga reír, que me apoye, que me respete y me acepte como soy y que me valore. Por eso lo quiero, aunque hayamos pasado muy pocos meses juntos, aunque él ya haya tomado un camino diferente al mío.
Esos pensamientos provocó en mí La delicadeza. Yo quiero un hombre como Markus. Véanla. :)