martes, 15 de septiembre de 2009

Nueve estrellas

Terminé Balún-Canán ayer, antes de lo esperado porque me enfermé. Seguro que pesqué la enfermedad el sábado, pero no importa porque valió la pena. Me la pasé muy bien ese día. Pero, volviendo al libro, me gustó más de lo que esperaba. Ya había intentado leerlo dos veces antes, pero lo abandonaba por otros de "más urgencia" (libros que me prestaban y que sentía que debía devolver pronto). Me gustó bastante, lo disfruté. Es de esos libros que me dejan con el vacío de "¿y ahora?". Ninguno de los personajes fue mi favorito, pero sí habían los que me caían gordos. Me cayó gordo el personaje de Zoraida, la esposa del patrón. Es una mujer patética. Es de esas pobres diablas que no son nada en la vida: es estúpida, es mediocre, es mala madre, todavía fuera guapa pero ni eso. Ni su marido ni su hija la aguantan. Personajes (y personas) como ésa sacan mi lado violento. Me daban ganas de ir y golpearla y gritarle "pobre mensa, no eres nada, no eres nada, las indias son mucho más que tú". Porque ni su marido César, el patrón explotador de mayas, me hacía sentir el desprecio que ella me hace sentir; ese wey no me caía mal a pesar de todo. PERO sí creo, como dicen que dicen los brujos en el libro, que esa casta, gente como él, no debería existir más. Bueno, más bien quiero decir que la gente racista no debería existir, debería caer muerta de pronto. Aunque es tema difícil, ¿cómo hacerle para no ser racistas en un país donde desde siempre, desde que eres chico, escuchas que los indígenas son menos y, sobretodo, si se viene arrastrando el complejote del color de la piel desde hace 500 años? A mí no me lo decían en mi casa, pero lo escuchaba en la escuela, en la calle o en la tele. No sé cómo sea en otros círculos, pero en el que yo crecí que es de clasemedieros wanna be que van a escueluchas privadas se maneja esa idea. Sé que no me lo dicen, pero estoy segura de que muchas de mis amistades lo creen. Yo no lo creo, mis papás siempre se encargaron de que no nos creyéramos esas estupideces.

Pero haciendo a un lado a los personajes rancheros con complejo de superioridad (creo que esa expresión no existe, ja), la prosa está muy linda. "Linda" es un adjetivo que me tacharían en un ensayo, pero no sé con qué otro describirla. Es muy ¿poética? Sí, creo que ése es un mejor adjetivo. Obviamente no es poética todo el tiempo, sino por ratos. En conjunto, la historia de estos rancheros venidos a menos me pareció muy interesante. Y así de ojeta como soy, no puedo decir que me entristece lo que pasa al final...

Al final, el libro aumentó mis ganas de ir a Chiapas. No he ido más que a Palenque, lo cual se me hace raro porque mi abuelo era de Chiapas. Siento que ya me deberían de haber llevado ahí y a Michoacán (porque mi abuela es de allá) y no he ido a ninguno de los dos estados. Y no, lo de Palenque zona arqueológica no cuenta, yo quiero ir a San Cristobal y a Tuxtla G.

Y ya. Esto fue todo menos una crítica del libro, ja. Estoy orgullosa de mí.