viernes, 26 de julio de 2013

Visto vestidos vibrantes para vivir la vida bella

No soy católica, ni creyente. No creo en dios. No tengo religión. Yo creo en eso de no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti e ir por la vida procurando no hacer daño a nadie. Pero cuando tenía unos 7 u 8 años me gustaba mucho ir a la iglesia del centro de Tlalpan a ofrecer flores. ¿A quién? Quién sabe. Lo que me importaba era ponerme mi vestido blanco, bonito, largo y bombachón (uno que sólo podía ponerme para esas ocasiones porque en la vida cotidiana se vería extraño) y caminar por la iglesia con flores en mi mano. Fue hasta hace unos meses que me puse a recordar esto y capté que le ofrecíamos flores a la "virgen" María. Eso no me importaba ni entonces ni ahora. Sólo importaba mi vestido.

No creo en el matrimonio, pero no cierro las puertas a las múltiples posibilidades que aparezcan en mi vida. Si el Cosmos hiciera que se diera, no le haría el fuchi a una boda por la iglesia. No sé si sea cinismo o qué, pero no me siento mal de querer eso, a pesar de despreciar la religión. No se debe a un fervor religioso oculto o a consumar mi unión con un hombre especial con una ceremonia especial frente a los ojos de un supuesto dios. Todo será por el vestido. Soy fans de comprar y ponerme e ir por la vida con vestidos bonitos. En la prepa vi unos vestidos de novia hermosos en Polanco y durante años pensé que sería lindo portar uno de ellos algún día.

PERO se me ocurrió que sería más lindo casarse con un precioso vestido típico de Chiapas, ése que tiene fondo negro y está lleno de flores de colores; ¡los pretenciosos de Polnaco qué! Vestir esa prenda en una boda en la Parroquia de la Natividad de Tepoztlán y la fiesta en la casa de mis papás en el pueblo sería mi boda ideal. Quiero usar ese vestido algún día. :)