viernes, 12 de julio de 2013
¡No mientan por convivir!
En varias obras literarias leí que la realeza europea es hermosa, que las reinas y princesas son bellísimas y que los reyes, príncipes y caballeros son guapos y gallardos. La nobleza es guapa, dicen. Alejandro Dumas menciona por ahí en sus novelas sobre los mosqueteros que Ana de Austria, esposa de Luis XIV de Francia, es preciosa y delicada. Edmund Spenser plasmó en The Faerie Queene lo maravillosa que era la reina Elizabeth I de Inglaterra, según. Bueno. Quizá tienen razón, pensaba al leer esas líneas. Pero luego viajé a Europa y visité castillos y museos con chingos de pinturas. Cuál va siendo mi sorpresa al entrar al castillo de Leeds y ver retratos de pura gente fea. Lo mismo en el Louvre. Lo mismo en Canterbury, lo mismo en todos los lados que visité en Europa. Supongo que los pobres pintores se esforzaban en mejorar un poco la fisonomía de esa gente tan poco agraciada, pero aun así se seguían viendo muy mal. Algunos escritores fueron algo lamebotas. ¿Para qué escribían sobre la belleza de tal o cual reina si no había tal? ¿Querían conseguir favores? Spencer sí quería, pero no le sirvió de mucho. Escritores, no mientan a lo descarado por convivir. Es como si algún escritor inglés contemporáneo dijera que la reina Elizabeth II fue bellísima en su juventud y que el príncipe Charles es guapísimo y elegantísimo cuando todo el mundo sabe que ella fue, es y será una mujer bien fea, y que Charles siempre ha estado bien pinche horrible. Es triste que digan mentiras tan obvias, ¿quién se las va a creer?