sábado, 20 de febrero de 2010

Triste noche

La primera noche que pasé en Japón, mi país favorito, fue muy triste. Llegamos en la tarde, pero ya estaba oscuro porque era invierno. En el recorrido del aeropuerto al hotel yo iba viendo el paisaje muy emocionada... aunque el paisaje fueran sólo edificios. Y mi hermana bien jetona. Llegamos a Tokio a las 8 más o menos y nos instalamos en el hotel. Nos tocó un buen cuarto, se veía la Torre de Tokio desde ahí. Mi plan era dejar las cosas y salir por ahí a ver qué había. No había tiempo para dormir ni descansar porque pues es Japón, ¡Japón! Pero poco después de que inspeccionamos el cuarto, mi hermana se tiró en la cama y por más que intenté despertarla y levantarla, estaba exhausta, ni siquiera se despertó. Bueno, no era su culpa, dos semanas antes del viaje se había estado desvelando todas las noches y levantándose muy temprano para poder terminar dos trabajos finales y entregarlos antes de irnos. Ni modo. Me tuve que conformar con quedarme viendo la Torre desde la ventana un rato casi con una lágrima en mi mejilla. *sniff* Y apenas eran las 9.30 pm. Me iba a salir yo sola, pero no sé, mejor me quedé con ella. Me sentí TAN frustrada. Lo bueno es que otra noche me tocó a mí aplicársela a ella. Después de caminar y caminar durante el día, mis pies sentían dolores horribles si intentaba dar 10 pasos. Mi hermana quería ir a la Torre de Tokio, porque aunque nos quedaba bien cerca del hotel no habíamos ido hasta entonces porque dedicábamos el día para ir a otros lugares y siempre decíamos "una noche de éstas vamos". Era la cuarta noche, creo, y ella tenía ganas enormes de ir. Pero mis pies no podían y le dije "nel, no puedo caminar ya, compramos la cena y nos quedamos a ver tele". Y así le tocó a ella pasar una noche frustrante en el cuarto de hotel viendo la torre desde la ventana. La venganza es dulce.

Lo bueno es que aunque durante las preparaciones del viaje hubo mucho drama porque peleábamos como tres veces por semana, estando allá estuvimos tranquilas. No peleamos ni una vez, aunque una de ésas me enojé horrible porque yo quería cenar sushi, o sea sushi de verdad, de ése que tiene delicioso sashimi arriba y la vieja a fuerzas quería sus cosas empanizadas que me revuelven la panza. Y es que digo, si uno va a Japón es para comer pescado (excepto ballena), y esta animal nada más quería comer ramen y camarones empanizados, cosa que puede comer aquí. Chale. Entonces, perdí el chance de comer eso y me enojé y le hice berrinche. Además, le digo a mi má, a pesar de que tiene 23, todavía me deja a mí todo lo trabajoso como planear, administrar, investigar, reservar, etc. Y todavía mi mamá se ofendió aquel día cuando fuimos a tramitar la visa de tránsito porque después de un drama con gritos y lágrimas le grité "pues yo no quería ir a Japón con Sara" y ¡zaz! que me dice "pues ahorita llamo y cancelo ese viaje porque si nada más se van a estar peleando allá, mejor no van". No me quedó más que tragarme mi orgullo y decirle que no lo decía en serio, que sí quería ir con ella y que seríamos buenas hermanas. Tonches, bueno, la animal es chida cuando quiere y me agrada viajar con ella... pues ya qué me quedaba.