Como soy una joven mujer sin novio con poco trabajo en estos días y amigos muy ocupados debo emplear mi tiempo libre con actividades tales como la lectura, películas, cursos, blog... y básicamente hacerme mensa.
Debería estudiar japonés. Debería ponerme al corriente, porque según será mi futuro y según yo quiero que lo sea y ya lo elegí como tal. Pero no me dan ganas, mejor leo novelas, me hago mensa, me voy de vaga y me meteré a un curso sobre la civilización maya prehispánica. Me emociona el curso por tres razones. Primero, porque es volver a tomar clases en mi facultad de Filos... con la pequeña diferencia de que este curso tengo que pagarlo, ni modo. Segundo, porque siempre me han llamado la atención los mayas, pero a pesar de eso no sé casi nada sobre ellos. Tercero, el curso lo da todo todo la maestra, no hay que exponer. En el curso pasado que abrieron todos los alumnos tenían que exponer y yo dije, "chales, ¿voy a pagar 3 mil pesos para ir a exponer y ver exponer a los demás? no, gracias". Lo mío es ir a sentarme y poner atención a todo todito lo que un maestro que sabe del tema y que preparó su clase y que ha investigado mucho nos dice. Siempre fui y seré una estudiante pasiva, de ésas que no participan. Odio participar.
Lo único que sé de los mayas es lo que el guía en Chichen Itzá nos explicó. Estuvo bien pero también muy superficial. Estoy intentando leer Sueño del camino maya, pero con otros dos libros que tengo que leer, está difícil avanzar como yo quisiera.
Por cierto, ¿por qué dejé de escuchar a Panteón R. durante tantísimo tiempo? Pobre alma perdida. A partir de su concierto a principios de este mes, he redescubierto mi amor por el grupo. Qué buen grupo... aunque el último disco no tanto. No importa, lo salva la de Arréglame el alma.
Ya está el patinaje.