Me invitaron el boleto, ¡yay! Me gusto mucho. Raras son las películas japonesas que no me gustan. Ésta me recordó a la de Love Letters from the Drawer. ¿Por qué le pusieron "Violines en el cielo"? Mi escaso japonés me permite deducir del título que dice algo de las personas, por el "bito" de "hito", persona. ¿Personas que se van? ¿Personas fallecidas? Como sea, es de un wey que soñaba con tocar el chelo en una orquesta pero se da cuenta de que no es tan bueno, no consigue entrar en una orquesta chida y en la única que entra, la desintegran poco después de que él entró. Así, no le queda de otra más que irse de Tokyo junto con su esposa y vivir en la casa de su mamá en un pueblito. Ahí ve un anuncio en el periódico, buena paga, sin experiencia. Va y se encuentra con que el trabajo consiste en preparar a los muertos para que sean incinerados. Al principio entra como ayudante del señor, quien le explica que es difícil conseguir gente para el puesto, pero que siente que él es el adecuado. Al principio no le gusta, lo mantiene en secreto, no le cuenta ni a su esposa en qué trabaja. Pero conforme pasa el tiempo ve que no es un mal trabajo. Obviamente hay conflicto y sufre rechazo porque la gente considera que el trabajo es denigrante.
El wey, como la protagonista de Love Letters from the Drawer, tiene un conflicto no resuelto con su papá. Él los abandonó cuando él tenía 6 años. Tons, le guarda mucho resentimiento, por eso y porque el papá dijo que todos los años le mandaría algo, pero no lo cumple. Al final de la peli se encuentra con que su papá murió y tras sentir conflicto de si sí o si no, y de ver que su papá no lo olvidó nunca y que si no lo buscó fue por vergüenza, decide que preparará su cuerpo para la incineración (porque unos weyes de la funeraria se lo querían llevar nada más así, sin nada de preparación y sin nada de dignidad). Ah, porque al final encuentra que su trabajo es bueno y bonito y no tiene que avergonzarse de él. A mí me pareció un trabajo bonito, un proceso chido y elegante; no sé si se haga así siempre o si sólo el señor y su ayudante protagonista lo hagan así. Se hace delante de la familia. El que los prepara va y frente a ellos cambia de ropa al difunto, lo lava, lo limpia, lo peina, lo maquilla, pero tiene su chiste. Hay una forma específica y elegante de quitar y poner la ropa. La familia espectadora nunca le ve las carnes al difunto. Y así los dejan listos para que vayan a la otra vida o lo que sea.
El actor protagonista es el que sale en Sumo sí, sumo no, que me gustó un chingo. Pero en ésa era un jovencillo. Aquí ya es un adulto. Sólo que los japoneses son traga-años. El wey ha de tener como 40 o casi, pero no se ve de esa edad. No sabía que la de Okuribito había ganado Oscar a la mejor película extranjera el año pasado, como a mí me valen esas pendejadas...