En fin, mientras veía a Peeta me acordé de mi nuevo amigo, quien sí entendió 1984 y me platicaba sobre todas esas cosas que me interesan tanto pero de las que no puedo hablar con nadie aquí (salvo mi familia) porque son temas "aburridos" o porque les doy mi opinión y se las explico y no la entienden. Él es como Peeta en el sentido de que es de esos hombres que te muestran que la vida puede ser buena de nuevo, a pesar de nuestras pérdidas y de la tristeza y todo eso, como dice en el libro 3 de Hunger Games. Y no sólo él, me gustó la gente con la que hablé en mi viaje: la chica gringa que trabajaba en Liberia, el alemán que me enseñó a regatear antes de que me fuera a El Cairo, el chico simpatiquísimo de las Islas Canarias, las chicas de Israel, los amigos chilangos que conocí allá, el brasileño que "se enamoró de mí". Viajar es lo máximo, quiero seguir de trotamundos.
viernes, 6 de diciembre de 2013
No es sobre Hunger Games
Dejé que pasara el furor del estreno que hace que la gente vaya en masa a los cines para ir a ver mis Hunger Games: Catching Fire. Ya se sabe que los libros no son un Borges, un Cervantes, so what? Tampoco pretenden serlo, gente, no se azoten con sus poses pseudointelectuales de hueva. Como sea, me gustó la película. Creo que la autora colabora en la adaptación y en el guión y eso se nota. No como en Harry Potter. Lo que me llama la atención es que mucha gente vea la película o lea el libro y crea que son sólo historias bien alejadas de la realidad. Lo mismo con Orwell y su Nineteen Eighty-Four, uno de mis libros favoritos. Una vieja con complejo de inferioridad me dijo luego de leerlo, "está chido su debralle pero qué, ¿y luego?". Y ésa es la opinión de alguien que se la vivía presumiendo de ser más inteligente que todos. No se engañen, gente, estamos viviendo esas distopías. Miren a su alrededor, no son historias muy alejadas de la realidad.