Luego tenía que formalizar la invitación poniéndole fecha y hora y para eso tenía aún más pena y nervios, y pensar que quizá no iría más gente, pues peor. Ya me quería echar para atrás y decirle todo cuando ya no pudiéramos ir, así de "híjole, ya no se puede, ni modo". Pero tonces pensé, "no mames, si no haces algo ahorita, va a venir la asna ésa, lo va a volver a invitar y te vas a estar muriendo del coraje y del arrepentimiento de haber sido tan pinche cobarde". Pues ya, eso bastó pa decirle, pero aún así quería medio zafarme por la pena (y también fue una especie de prueba, de ésas que se nos ocurren a las tías para medir el interés). Él salió airoso. Oh.
ya hace sueño...