Cuando fuimos a mi evento social él hablaba y hablaba y hablaba y ni chance de voltearme a platicar tantito con mis amigas me dio. Ah, pero cuando fuimos a su evento social yo bien que lo dejé irse por allá, platicar por acá, volver, irse de nuevo y así. Bien pude habérmele pegado todo el tiempo, pero nooooo, hay que darle su espacio a la gente. ¡No es justo! Yo me quedé con ganas de platicar con mis amigas esa vez y ni él me dejó ni yo quise dejarlo solo. En cambio él me dejó ahí... no sola, pero casi casi... ¡No, más bien sí me dejó sola (o casi)! Pero bueno, ya no me quejo. La verdá es que esas veces me siento como su novia. No sé qué piense él, pero no puede ser tan wey para no haber considerado esa posibilidad ni para que se le escape que sus amigos pueden pensar eso de nosotros. Y es que es así como cuando uno de los dos lleva al otro a alguna fiesta y ese otro no conoce a nadie más que al novio/a que l@ llevó y se resigna a pasar la noche o sol@ o escuchando pláticas en las que no sé sabe ni de qué pedo están hablando. He notado esas miradas interrogantes en algunos de sus amigos que dicen "¿son o no son?". Una chica de plano me preguntó una vez. Lo mismo pasó cuando vino conmigo y mis amigos y conocidos. Creyeron que. Chingao, yo sólo sé que ya estoy harta y que es hora de hacer algo antes de que se venga otro dramonón (y con esa asna ahí fregando, seguro que se viene otro). Que conste que yo iba a dar el primer paso hoy pero ya no se pudo y estuvo totalmente fuera de mi control... Y ahorititita tuve un dejá vu, cambiaron algo en la Matrix.
Risa Koizumi es mi ejemplo a seguir, ¡mi guía!