viernes, 23 de julio de 2010

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Todo sigue siendo igual que siempre, salvo por un pequeño cambio en las responsabilidades. En vez de ir a la universidad y sacar buenas calificaciones, ahora es el trabajo y hacerlo lo mejor posible. Vivo con mi familia y mis perros en la misma casa de hace 24 años. Sigo leyendo, viendo anime, viendo cosas, gustando de lo asiático y medio despreciando lo occidental y queriendo a mi país. Veo a mis amigas de la universidad y a algunas otras nuevas amistades que tuve la suerte de encontrar por ahí. Todo igual... salvo por ese alguien especial. No es que las demás personas no sean especiales, pero es diferente. A ese alguien especial no se le quiere como a un familiar o a un amigo. Uno puede pasarse días, semanas, meses, incluso años sin ver a los familiares y amigos y no pasa nada, se extraña, pero nada más; la persona especial es otro pedo. Y, la verdá, la verdá, soy mucho más feliz desde que esa persona llegó a mi vida. No que antes no fuera feliz, pero *sigh*. Él y sólo él puede darle ese dulce toque de felicidad que nadie más puede. (Ja, bueno, ahí sí miento. O. también podría, pero O. ya fue y no me aferro al pasado). ¡Lo quiero mucho! Algún día no muy lejano le confesaré todo todo lo que siento...

...aunque me haga enojar como ahoritititita, chingada madre con este cabrón.