miércoles, 23 de enero de 2013

No creo en el fomento a la lectura

En mi periodo nini me ha dado por hacer cosas que disfruto enormemente, pero que ya no había podido hacer porque el trabajo me absorbía. Ahora leo, escribo, canto, dibujo, salgo a caminar, a tomar fotos, veo mis doramas o simplemente me hago wey. Le estoy sacando provecho, tanto así que hasta reviví mi blog.

Alguien me dijo una vez, "te gusta mucho leer, ¿por qué no te unes a un programa de fomento a la lectura?". La respuesta a eso es no y la razón es simple: yo no fui niña lectora ni adolescente lectora. Por eso no sabría qué darle a un niño o adulto para que le agarre el gusto a la lectura. No creo en esos programas, suena a tarea y a nadie le gusta la tarea. Traté de fomentar la lectura en mi mamá, mi papá también lo intentó pero sin éxito. Le di El Conde de Montecristo, pero no pasó del tercer capítulo. Dijo que lo vio tan gordo que le dio hueva. Intentaré darle algo mucho más chico, pero si lo rechaza igual, confirmaré mi idea de que el fomento a la lectura no sirve. Al wey que amo, a quien no le gusta leer, le regalé un libro chico, Los pasos de López de Ibargüengoitia y sí lo leyó todo. Supongo que es una pequeña victoria.

De niña, los maestros y mi papá trataron de fomentar la lectura en mí, pero yo lo sentía como una obligación. Ésa era una de las razones por las que no me gustaba. No fui niña lectora, pero sí leía lo que me dejaban en la escuela. Los libros que recuerdo haber leído en mi niñez fueron uno de cuentos de los hermanos Grimm que me compraron mis papás (cuyas historias me daban miedo), uno de Caperucita Roja que leí como a las 4 años y el de La granja Groosham, aunque cuando leí este último ya no estaba tan niña, tendría unos 15 años. Ese de la Granja sí me gustó mucho, pero no me inspiró a buscar otros títulos.

También recuerdo mucho el cuento de La sirenita de Hans Christian Andersen que venía en el libro de texto de 4to año de primaria. Recuerdo que lo leí y pensé, "¿por qué no mató al príncipe malo? así hubiera podido volver al mar con sus hermanas, ¿por qué prefirió morir? yo lo hubiera matado". Y recuerdo otro cuento muy triste de la vida de un perrito callejero que venía en ese mismo libro de texto. Todavía recuerdo el final: el perrito acaba muerto en un basurero, tirado, unos niños que andaban por ahí lo ven y dicen 'miren, se parece al Pinto'. Ese cuento me hace llorar, no lo quise volver a leer, ni siquiera podía ver las páginas donde estaba escrito.

Supongo que por eso no me gustaba leer. Lo poco que leí en mi niñez fueron historias tristes o que me daban miedo o que no entendía.

En la secundaria y en la prepa no recuerdo algún libro que haya dejado huella, salvo Edipo rey, y eso sólo porque cuando lo terminé pensé, "chale, no me gustó". Años después lo volví a leer en la carrera de Letras y me gustó bastante.

Afortunadamente para mí, hice una de las peores decisiones de mi vida y elegí estudiar la carrera de Informática. Esto se unió con una de las coincidencias más felices de mi vida: descubrí en mi casa un libro de Harry Potter, et voilà! Hubo un resultado feliz: le agarré gusto y amor a la lectura. Comencé a llevar los libros de HP a clases para que se me hiciera menos pesado el tiempo ahí. Luego comencé a buscar títulos nuevos en la biblioteca de la facultad. No tenían muchos, pero los títulos estaban bien. El Conde de Montecristo siguió a la saga de HP y fue una feliz elección, porque me confirmó que la lectura no era algo aburrido, al contrario.

Gracias a esas felices coincidencias me convertí en una ávida lectora a los 19 años y con ello cambió el rumbo de mi vida. ¡Sistemas computacionales mis huevos, me dedicaría a las Letras! Si hubiera elegido otros títulos, quizá el resultado habría sido otro. Supongo que fue suerte. Una amiga dice que los libros te eligen, ve tú a saber.