Me encanta el agua, aunque me llena de miedo estar en ella. Me encanta el mar, los lagos, lagunas y ríos. Me gustaría que Tepoztlán tuviera un lago. Pero como no es el caso, fuimos a Tequesquitengo porque está relativamente cerca del pueblo.
Tequesquitengo es el ejemplo perfecto de cómo arruinar una oportunidad para que un lugar prospere. La desgracia pasó así: algunas empresillas o personas que se sienten los dueños de algo que es de todos cierran el acceso al lago y vende terrenos a quien pueda pagarlos. Y así de fácil se hace. No hay ningún sitio público para que la gente que quiere conocer el lago pueda acercarse. Hay que pagarle a alguien. A algún hotelucho o a algún lanchero.
El resultado de este despojo es que el lugar no tiene visitantes. Es triste el destino de las muchas lanchas que algunos adquirieron para hacer negocio con los visitantes, se las ve amontonadas, descompuestas y cubiertas de polvo.
Pero más triste es la situación de los lugareños, que son los que más sufren las consecuencias. Supongo que el lago era su sustento y ahora tienen acceso limitado a él, además de que el dinero no fluye, no llega. El lugar tiene poquísimos visitantes y muchas casas quedaron a medio construir. Los que ahí construyeron sus casas y viven ahí son pocos.
Tequesquitengo es un ejemplo más (uno de miles) que muestra que este sistema económico llamado capitalismo no funciona. La privatización (en este caso de un lago) nunca puede ser una buena opción, pues es el robo que los de arriba hacen a los más desprotegidos y pobres, al pueblo pues. También es un clarísimo ejemplo de corrupción.
Un sistema económico que pueda llamarse funcional es aquel que provea de alimento, salud y oportunidades a todos por igual. Eso es lo primordial, lo demás es secundario.
En vista de la deepción que ahí encontramos, para la próxima iremos a las aguas termales de Atotonilco. :)