miércoles, 22 de septiembre de 2010

Violín

Ya tengo algo de qué escribir que no sea ceaseless drama. Ayer fui al cine con mi má. Vimos una peli china cuyo título está en mi tuiter y tiene que ver con violines. Las películas chinas siempre me gustan. He visto pocas pero creo que ninguna me ha desagradado, al contrario, todas me gustan. Ésta no fue la excepción. No hay spoilers.

La trama es simple. Un señor que vive en un pueblillo de China quiere que su hijo triunfe como violinista. La historia oficial que el papá cuenta es que su esposa los abandonó a él y al niño cuando era un bebé, dejándole a éste su violín. El niño es un excelente intérprete y en el pueblo todo mundo lo conoce y le encarga tocar hasta para ayudar en los partos para que el bebé salga con ayuda de la música. Así, el señor ahorra y decide irse del pueblo con su hijo para conseguirle un buen maestro en la ciudad y encausarlo hacia el camino del éxito. Llegan a Pekin y el niño participa en un concurso que no gana porque lo que cuenta es quién da más dinero, no quién toca mejor el instrumento. El papá no se resigna, habla con uno de los jueces, que es maestro de violín y consigue que se vuelva maestro de su hijo. Pero hay problemas, así que el papá opta por buscar un mejor maestro. Así es como encamina al niño en los recitales y concursos internacionales.

La película es conmovedora. Da ternura el señor papá del niño en especial. Un campesino que no sabe de la vida en la ciudad pero que se las arregla como puede con tal de lograr que el niño se adentre en el mundo musical. El niño también es la onda. Tiene 13 años y es un chico muy centrado. En el camino se enamora de una prostituta que parece superficial y tonta, pero en realidad es tan buena persona como los otros dos. Luego el primer maestro, un señor amargado porque su amor de universidad se le fue (por orgulloso y arrogante) y mediocre que cambia después de conocer al papá y al hijo. Y el segundo maestro, alguien más centrado y que parece snob, pero en realidad lo que le importa no es la fama y el dinero, sino poder enseñar a verdaderos talentos que amen la música.

La amé y mi mamá también.