jueves, 4 de marzo de 2010

sin título

Ayer buscaba en la biblioteca un libro que tratara sobre los mayas, sobre el Xibalbá. Sólo encontré una novela y pensé "a ver". Pero no, no. No mamar. La reseña de la contraportada decía que era sobre unos que saqueaban tesoros en la selva maya y que por ahí había también un personaje que era una hermosa rubia austriaca de quien todos los saqueadores se enamoran. No hacía falta leer más. Tengo mejores cosas que hacer y hay libros muchísimo mejores que leer que uno que trata sobre las típicas fantasías pendejas de un wey. Porque una gran parte de los hombres latinoamericanos, o por lo menos de México, sueña con su rubia o con su pelirroja o con una mujer de tez blanca. Todavía si el personaje fuera "una hermosa maya"... Pero no, para muchos de aquí poner "maya" y "hermosa" en la misma oración es una contradicción. Sigan fantaseando con el ideal de belleza impuesto.

Eso me lleva a otra contraportada de otro libro que encontré en otra biblioteca, Gentlemen Prefer Blondes o Los caballeros las prefieren rubias de Anita Loos. Ahí decía que ella iba en un vagón de tren y observó a una chica rubia que también iba ahí. Todos los hombres la miraban; si se le caía su libro, todos se desvivían por levantarselo, por ayudarla y así. En cambio a ella, chica de cabello oscuro, nadie la ayudó a bajar su maleta de la parrilla esa que está sobre los asientos. ¿Por qué nadie la ayudó? Bola de putos.

Y luego se ofenden cuando les dicen que todos son iguales. Sí lo son. No han demostrado lo contrario.