martes, 3 de noviembre de 2009

Querido diario

Me fui al Chervas en este puentecito como ya te lo había comentado. Me la pasé muy bien, pero ése no es el punto. El punto es que el primer día allá fue un tanto extraño. Me la pasé con ansiedad. Es que, ¿qué tal si? Pero no. Como si la horrible ansiedad no fuera suficiente me pasó otra cosa. No pudimos beber a gusto la primera noche en el cuarto porque se quedaron con nosotras ésas personas que tan mal me caen. De ésas que no sólo no toman, sino que no les parece que a uno le guste el alcohol y que no dejan que uno tome a gusto. De ésas que te lanzan la mirada pesada y la mala vibra si te ven tomando un vasito con vodka y jugo y que te lanzan una mirada aún peor si ven que te sirves otro. Tons, resignados, nos fuimos a dormir a la 1 am. Muy temprano.

Me cuesta dormir a veces, pero esta vez dormí fácil. Me acuerdo que estaba soñando que estábamos en el cuarto de la posadita donde estábamos en la vida real con la pequeña gran diferencia de que había un agregado cultural en una de las camas. Entons en el sueño yo me despertaba y veía a la persona con la que estaba soñando que dormía en una de las camas. Me acercaba a su cama y me le quedaba viendo, en eso me desperté. Eran como las 4 am. Había mucho ruido afuera y me molestó despertarme cuando venía lo interesante. ¿Qué tal si hubiera seguido soñando y comenzaba entonces una escena interesante? Bah. Desperté porque unos weyes gritaban y cantaban en un cuarto de abajo a la izquierda. Otros weyes gritaban y cantaban en la calle. Otros más gritaban en uno de los cuartos de abajo a la derecha. Esos gritos me perturbaron. Como si no hubiera bastado con la ansiedad que sentí en el día, la ansiedad volvió en la madrugada. Y es que lo que gritaban los del cuarto de abajo a la derecha era el nombre de mi ex-novio. Primero pensé que había escuchado mal, pero me quedé escuchando un poco más y no había duda. Gritaban su nombre como cuando se está en una borrachera y todos empiezan a decir "¡fondo, fondo, fondo!". Así gritaban "O., O., O.". Me dieron ganas de levantarme, ponerme los tenis y salir del cuarto corriendo, ver de dónde venían los gritos y tocar la puerta del cuarto. Y es que se podría pensar que fue sólo una coincidencia, pero no. Su nombre no es nada común aquí porque es un nombre japonés que ni siquiera en Japón es común. Por eso pensé que tenía que ser él. Hay algo por ahí, una mini fuerza o un mini ente, que disfruta fastidiándome y burlándose de mí en lo que a cuestiones amorosas se refiere. Como no soy impulsiva, no salí corriendo del cuarto. Al día siguiente me arrepentí de no haberlo hecho. Ash, culpo a las compañeras ñoñas del cuarto. Si hubiera tenido más alcohol dentro de mi sistema, me hubiera salido sin pensarlo. Cuando amaneció me estuve asomando para ver si él salía de algún cuarto o si escuchaba su nombre, pero no. Me dio coraje y tristeza saber que estaba ahí en mi misma posada y no lo vi. El Chervantino se atasca de gente, es prácticamente imposible encontrarse a alguien y O. estaba en mi posada y no lo vi. Pues entonces hubiera sido mejor no enterarme, chingao. Ohhh, ¿por qué si los de su cuarto habían estado gritando varios nombres diferentes tuve que despertarme justo cuando gritaban el suyo? *lágrima*

Y ya. Al día siguiente partí con dolor hacia otro pueblo. Luego se me olvidó porque andar pensando en cosas triviales pero tristes durante un mini viaje no es.