El jueves vi Koroshiya 1 o Ichi the Killer. Me gusta más el título en japonés, que no es lo mismo pero es igual. No entendí qué pedo con el señor medio rucón ése que orquestaba todas las matanzas y torturas entre yakuzas o a manos del Ichi. Ha de ser un wey que fue bulleado de niño y guarda tanto rencor que por eso ahora hipnotiza al Ichi para vengarse, o algo así. El personaje de Ichi no me fue ni me vino; se me hizo como Shinji de Evangelion, así sería el wey si fuera de carne y hueso. El que sí me va y me viene es Kakihara, qué buen personaje, me encanta su sonrisa. Descubrí con gusto que todavía no soy inmune a la violencia y al gore. La peli me gustó a secas. Y ya, no tengo mas comentarios, sólo que entre más películas orientales veo, menos me gustan las del wey Tarantino... no, ya ni me gustan, fuchi.
Terminé de leer a Rafael Pérez Gay y me gustó bastante, en su cuento trataba temas que me han llamado la atención desde hace mucho, como el poder hablar con tu yo más joven. Ahora empecé con uno que encontré mientras vagaba por los pasillos de la Central: Gaijin de Maximiliano Matayoshi. Trata sobre un japonés que emigró a Argentina después de la segunda guerra mundial. Este libro me hace pensar mucho en mi amadísimo primer amor, bueno, en él y en sus abuelos que son los que se vinieron pa'acá. Me gustaría que un día me contara sobre eso... ¡si lo vuelvo a ver! A ver qué tal.