lunes, 18 de mayo de 2009

Bizarre, que no bizarro

Vi en un periódico la foto del velorio (¿velatorio?) de Mario Benedetti y se me hizo bien raro. Su cuerpo ahí acostado cubierto de una cosa que parece sábana blanca con encajes y sólo se le ve la cabecita, se me hizo un poco grotesca la imagen. Parece un bebé grande arropado y exhibido en una sala elegante. Sobretodo se me hizo raro eso que se acostumbra hacer. La gente va y ve y llora delante de un cuerpo. Tiene algo de ¿morboso? y un poco de grotesco exhibir y observar un cuerpo que ya no es, en este caso, Benedetti, sino nomás un cuerpo ahí, como ver el puro estuchito; sobretodo porque los peinan, los pintan y les cosen los labios. Se me hace como ir a hablarle y llorarle a una imagen de cerámica de un santo o de Cristo para pedirle algo. Son sólo imágenes, para mí una imagen de un santo de cerámica es lo mismo que un florero de cerámica. Entonces un cuerpo debería ser lo mismo que la cascarita de la naranaja. Pero ps no. Me acordé de cuando fui al velorio de Colin White y chillé frente al ataúd con su cuerpo y me despedí. Ya no era Colin W. y aun así. Lo bueno es que a él no le pusieron sábanas blancas con encajes y ropa blanca como a Bendetti.