viernes, 21 de marzo de 2014

También llegué tarde a las novelas colombianas

Viernes por la noche y yo en casa. Sí, porque no hay dinero, no hay. Todo es para mi mudanza. Ya casi ni salgo pa' no gastar. Me quedo a ver novelas colombianas. Sí, novelas. Yo soy Betty, la fea y Café con aroma de mujer. Las prefiero mil veces a esas series anglosajonas pretenciosas que dicen ser muy acá y a la mera hora ni están tan buenas. Como Breaking Bad. Por ejemplo, ahora vi Sherlock, basada en la obra del Conan Doyle. Hace unos ayeres leí algo de Sherlock Holmes y lo odié. Odio a ese personaje, tan arrogante, tan misógino. Eso sí, muy inteligente y excelente observador. Por eso odié la serie de la BBC. Vi tres capítulos y las pistas, los asesinos, todo me parecía obvio y al Sherlock no. ¿Lo hacen así para que el televidente promedio pueda seguir la trama y las pistas con más facilidad? Quizá, pero eso tira todo lo que Sherlock Holmes es. Un personaje brillante pasa a ser un imbécil que le cuesta trabajo deducir lo más obvio. Me pareció una serie aburrida, sobre todo porque cada capítulo dura casi dos horas; dos largas horas donde no se le hace justicia al personaje literario. Paso. Por eso me gustan mis novelas colombianas, no se andan con pretensiones. Están bien escritas, son divertidas, no son estúpidas y porquería como las de Televisa, que emplea pirujas baratas y analfabetas (esposa de Peña Nieto) como copia mierdera de la Gaviota colombiana.