miércoles, 19 de marzo de 2014

Dulce licor, suave tormento

En mis treinta se cumplió eso que dice Bridget Jones, "at least now I'm in my thirties, I can hold my drink". Ya no más amaneceres en los que no tengo ni idea de lo que pasó la noche anterior porque de pronto perdí la noción de la realidad entre un trago de tequila y uno de vodka luego de llevar horas tomando 'ora una cerveza, 'ora un tequila, 'ora un vodka, 'ora otra cerveza. Como nunca me ha dado cruda, siempre lo vuelvo a hacer. Ya no tomo como si no hubiera un mañana en cada reunión o fiesta a la que me invitan, pero sí sigo mezclando y tomando mucho, pero ya no tanto y lo hago con más precaución. También tengo una nueva costumbre. En mis veinte se me hacía triste tomar estando sola en casa. Siempre esperaba a que hubiera fiesta o reunión o a estar con alguien más. Ahora en mis treinta mis costumbres alcohólicas son más maduras y sofisticadas o eso quiero creer. Me gusta tomar una o dos copitas por la noche o la tarde. Como sigo sin trabajo porque pronto cambiaré de país de residencia, a veces incluso me la tomo por las mañanas. Dicen que una copita de alcohol al día le hace bien al cuerpo. Ya no me interesa perderme en alcohol. Me gusta degustar en mi casa estando sola, es uno de los placeres de la vida. Disfrutar mi casa, la compañía de mi persona, mi tiempo libre y lo que me gusta hacer mientras disfruto también el licor que me gusta. Tenía más botellas de lo que pensaba, diferentes tipos de tequila, whisky, mezcal, vino blanco. Cerveza ya no, le perdí el gusto hace rato. Ahora lo mío son los caballitos o shots, así se saborea mejor. Además, no quiero que cuando me vaya de aquí venga cualquier chacal a beberse el alcohol que compré para mí. Trataré de dejar mi casa y mi cantina lo más seca posible.

No entiendo y, sobre todo, no confío en la gente a la que no le gusta tomar nada de alcohol. Habiendo tantísimas opciones, me parece que son gente falsa y no son de confianza, alguna cosa rara y enfermiza han de esconder.