jueves, 15 de agosto de 2013

Segundona

Sigo con la duda de por qué algunas mujeres aceptan ser la otra, la amante, la segundona. Tener amante está chido si es soltero, ¿pero un casado? Si se quieren echar al casado, va, háganlo una, dos, tres veces y vámonos. Ni que fuera el único wey que cogiera bien. ¿Pero tener una relación ya más seria con él, al grado de darle una segunda familia con hijos espurios? No podría vivir con la idea de que soy la segunda, vivir esperando a ver cuándo puede verme, siempre a escondidas, saber que nunca voy a ser la primera, que lo veo muy poco, que sólo le sirvo para coger, que no puedo tenerlo todo para mí. ¿Y los hijos? Qué pena decirles que tú eres la amante de su papá, que está casado con otra y que por eso casi no lo ven o de plano ni lo ven. Tuve amigos así en la primaria, eran hijos espurios y el papá ni sus luces. No, my mom taught me better. Tantita dignidad, mujeres, la moral qué. Yo quiero y merezco ser la primera y la única en una relación con un hombre y que todo sea para mí, no las sobras ni estar a disposición de un wey que tiene otras prioridades.

Creo que por eso la dueña de la escuelilla donde yo iba a trabajar está tan amargada y tiene un complejo de dios que le hace juzgar y tratar a los demás como sus mensos. Porque dicen las malas lenguas que ella es la otra, la amante de un ingeniero adinerado, y así la trató su amante casado a ella, así tratan los hombres casados a sus amantes. Le daba falsas esperanzas, la tenía esperando, la llamaba y veía cuando él podía y quería (no cuando ella quería), ella estaba a disposición de él. Ahora ella trata así a la gente, como lo hizo conmigo y la otra teacher. Nos dio falsas esperanzas, nos tuvo esperando como sus pendejas, nos hizo perder tiempo y dinero, nos hizo perder otras ofertas laborales que seguro eran más atractivas, nos tuvo a su disposición y luego nos desechó así nomás. Detesto a esa señora gorda, pero a la vez me da lástima. Quiere tratar de compensar el hecho de que siempre fue la segundona, que ni dándole hijas al señor adinerado logró ser la primera. Eso sí, el wey le puso una escuelita, pa' que se mantuvieran ella y sus hijas ilegítimas y ahora la señora se cree dios en su pequeño universo.

Mujeres, si asumen el papel de la puta segundona y se amargan por eso, no se desquiten con los demás, que nosotros no tenemos la culpa de sus malas decisiones de vida.