Qué bonito es cuando pasa que ves a alguien por primera vez y te gusta y le gustas y sientes que es algo más allá del físico. O quizá es porque la impresión del físico fue tan grande que dio pie a querer conocer a la persona y uno cree que la conexión va más allá del físico. Como sea.
Me pasó con la florecilla. Caminé por el pasillo, lo vi, me gustó, me vio, le gusté. Nos miramos. Nos juntamos. Nos tratamos. Salimos. Nos seguimos gustando. Él lo arruinó horriblemente. Fue bueno al principio. Y creí que no volvería a pasar.
Pero me pasó con él. Dos semanas después de haber entrado a mi nuevo trabajo me llamaron a una junta y yo no sabía ni qué pedo y nunca lo supe, pero tenía que estar ahí. Y lo vi y me gustó. La diferencia fue que no coincidieron las miradas como pasó con florecilla. Cuando yo lo vi, él no me estaba viendo. Cuando él me vio, yo no lo estaba viendo. Ya después supe que sí me vio. Como en la otra junta, ahí sí lo noté. Estaba yo en el brazo de un sillón y un tipo dijo "Carla no sé qué..." y cuando lo dijo él volteó a verme con esa mirada, la misma que me echó florecilla hace unos años, sólo que más bonita porque él tiene ojos más lindos y, en resumen, él es más lindo en todos los sentidos.
Y qué bonito es cuando tienes tantísima química con una persona desde el principio. Que aunque no la conocías el trato es como si uno la conociera de hace años. Así fue con él. Y no quiero perderlo. Nunca me había pasado. Lo quiero. No quiero que se vaya de mi vida. Me encanta. Ya me sentía mejor, pero él le regresó todo lo bueno a mí vida y la hizo mejor de lo que era antes y de lo que jamás había sido. No quiero que se vaya. No quiero que elija irse. Me gusta. Lo quiero. Lo repetiré como un mantra para que no salga de mi vida. Que se quede, que se vuelva más cercano (aunque ya lo siento muy cercano), que pueda verlo más.
Nunca quisiera perder a alguien como él.