Había estado evitando algo inevitable: si la respuesta es una negativa, a pesar de mis buenas intenciones y planes de perseverancia, la triste realidad es que ése será el fin. Y no por mí, porque por mí seguiría buscando e insistiendo, pero sé que el pensar que no me corresponden me detendrá porque qué tal si lo molesto y así. Tan tan. Porque la triste realidad es que la otra parte no me va a buscar. Oh, dios. Estaba tan arriba en mi nube que aunque siempre estuvo bien presente la posibilidad de la negativa, no había pensado bien bien en las consecuencias. Ya me entró miedo. Según yo quería disfrutar mi felicidad mientras durará sin preocuparme de lo que pudiera pasar después, pero ya no. Estoy triste. Un "gracias, no" será el final. ;_; Una de mis confidentes me dice que ve que las cosas van por buen camino. Quisiera creer que sí, pero para más seguridad prefiero seguir pensando en que pueden pasar ambas cosas y no inclinarme por ninguna de las dos (y aunque me encantaría el "sí", la verdad es que me inclino un poco por el "no"). Pues lo que tenga que pasar, pasará y seguro la cosa ya se decidió, apesar de que no le he dicho mis súper argumentos irrefutables. Si ya se decidió, nomás hace falta que disque se discuta la cosa y me comuniquen la decisión tomada de antemano. Está bien, si resulta que no, fue bueno mientras duró. ;_; Si resulta que sí... No, no, de mientras hay que permanecer neutral. Ni sí, ni no.
Alas!