Una de las cosas que me gustó de Tokio es que ahí mi hermana y yo podíamos pasearnos tranquilamente en la calle a las 12 de la noche y no pasaba nada. Podía ir del hotel al am/pm que estaba cerca del hotel/hostal por un onigiri sin tener que preocuparme del ladrón. Otra cosa buena de Tokio: venden unos peques tetrapacks con sake, como esos de lechita alpura pa' ir tomando en el camino; así uno puede ir tranquilamente por la calle bebiendo sake a cualquier hora del día y nadie te dice nada. Punto en contra: cuando queríamos ir a comer/beber encontrábamos que la vida nocturna es prácticamente inexistente en la mayoría de los bares/restaurantes de los rumbos por los que nos hospedamos. Cierran a las 8.30 pm o por ahí. Pero una noche entramos a un lugar de esos a los que los oficinistas van a embriagarse con el jefe en pleno lunes (lo quieran o no). Es de lo más divertido ver a los trajeados todos serios y propios por las mañanas y tan mareados, gritones y contentos por las noches.
Tengo un hambre/antojo horrible de onigiri porque sigo en hora de Tokio y allá son las 3 pm., ¡hora de comer! No entiendo esa chingadera. ¿Por qué no he podido adaptarme de nuevo al horario de aquí? Ha de ser porque de regreso no hice la madre esa del jetlag. Mejor ya me voy a dormir.