Hace una semana escribí un posto hablando pestes del proceso de trámite de visa que hay que hacer si uno tiene que hacer uso de los servicios de aeropuerto de Canadá (el posto se quedó y se quedará como "borrador"). Ni qué decir del otro trámite, el de la visa para turistear o trabajar allá, ha de ser una pesadilla. Ayer, cuando la desesperación ya cundía en toda mi familia (qué tal si no les dan la visa, nos vamos a quedar sin viaje, pero si sólo vamos porque tenemos que hacer escala ahí, etc.), mi mamá vino toda ofendida e indignada a contarme que había leído en el periódico la queja de una señora que ya había gastado en avión y otras cosas para su viaje de placer en Canadá y ¡zaz! que no le dieron la visa; perdió mucho dinero. Entonces nos estábamos preparando para ir a armar un escándalo si no nos la daban. Lo bueno es que todo salió bien. No es que defienda o esté a favor de esa medida que recién implementaron (todo lo contrario, se me hace estúpida y mamila), pero ahorita simplemente amo a Canadá. Hoy vinieron a traer nuestras visas y ahora sí, es oficial, ¡¡Nos vamos a Japón!! Mi hermana y yo. Estoy re contenta. He querido ir a Japón desde los 12-13 años. *lágrima*
Y, pueees, a pesar del título de esta entrada, no me gustaría ir a Canadá a turistear/vivir/trabajar. Es que, para empezar, hace mucho frío y yo odio el frío. Luego, en los libros de Atwood o de Lucy Maude Montgomery que he leído o en el de Ana Historic o algunos otros cuentos, la descripción de los lugares, las ciudades, hizo que no me dieran pero ni tantitas ganas de ir algún día. Pero eso sí, algún día visitaré las cataratas del Niagara.
Oh, (casi) nada podría arruinar mi felicidad en estos momentos.