Cada semana desde hace poco más de un mes voy al dentista a que me deje bien la dentadura. Quesque tenía 6 carieses. Ya decía yo que la hija de su puto padre de la clínica de la UNAM me había mentido, me quizo hacer mensa, pero no le salió. Perra. Entonces voy con este dentista y cada que voy me acuerdo. Como en las borracheras. El sábado fui a una y todo iba bien hasta que empezaron a hablar del concierto de Bunbury (o como se escriba, no soy fan de ese wey, ni siquiera sé qué canta) al que habían ido. El chiste es que él es tremendo fan del Bunbury y también fue al concierto, por eso me acordé. Chin. Mirada melancólica que mira sin mirar (¿o es mirar sin ver? ¿ver sin mirar?) al horizonte. Pero luego me paré a bailar y se me olvidó.
Esta semana toca dentista de nuevo y de nuevo me acuerdo. Me acuerdo porque él también es dentista (o está a un paso de serlo), porque ambos son de la UNAM y porque el dentista con el que voy es como él, un híbrido, jaja. Bueno, no. El híbrido es mi ex-amado (mamá mexicana, papá japonés), el dentista sí es de papás japoneses ambos dos. Y como es un aburrido y doloroso y estresante estar en la silla durante el procedimiento me pongo a imaginar cosas. Así fue que di con la frase u oración con la que me ganaré de nuevo su amor y estearemos juntos como antaño: dejaría que me sacaras/taparas las muelas como prueba de mi amor, a pesar de tu inexperiencia.
En el mismo post en el que hablo de la dentista malvada, dije que no dejaría que él me curara las muelas. Ya cambié de opinión. Pero claaaaro, eso no va a pasar porque ya no quiero con él, ¿o sí?
No. En el radar está el nuevo wey, aunque la señal se está debilitando. Es que eso, ese feo asunto, va mermando la inclinación que siento por él, cada vez más, a una velocidad que me sorprende, sin que yo lo quiera, aunque siga siendo un chico muy atento conmigo.
*sigh*