miércoles, 1 de abril de 2009

Bah

Mi aplicación de citas de iGoogle dice que Flauvert dijo que "Cuidado con la tristeza, es un vicio". ¿Lo habrá dicho él de verdad? ¡Pos a saber! No he leído nada de él y no creo hacerlo en mucho tiempo. Así que confiaré en que él lo dijo.

Yo era adicta a la tristeza, me hacía sentir especial, ja. Especial en un sentido algo así como mártir. No tristeza como los emos que gustan de ir por la vida diciendo que el mundo los odia, oyendo música horrenda y con las greñas engeladas en la cara y pantalones entallados. No. Yo era mártir del amor, de mi amor por el dentista. No me importaba cuánto se tardara, yo lo iba a esperar. No me importaba cuántas novias le conociera, yo lo iba a esperar. No importaba cuánto doliera, yo iba a estar ahí para cuando me necesitara. Yo pensaba ser como Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera y lo iba a esperar toda la vida si era necesario. Los demás que se llegarán a cruzar conmigo sólo serían secundarios, ninguno importaría ni la mitad comparados con el otro. Ellos estarían ahí sólo para amenizar la espera. Vivir recordando lo que tuvimos el dentista y yo alguna vez me ayudaría igual a esperar a que volviera a mí.

Eso está bien para una novela rosa chafona; aunque si la escribiera alguien con talento saldría algo como la de Márquez (que , por cierto, me gustó mucho). Pero para la vida real está de hueva. El Ariza tuvo miles de aventuras, pero sólo un verdadero amor, qué bonito. ¿Y qué tal si me pongo a esperarlo y de pronto soy vieja y lo busco y me dice "nel"? No. Me costó un chingo, pero por fin me libré de esa actitud después de mucho tiempo (¡años, carajo!) de pensar y sentir así. Ya, estoy abierta a nuevas posibilidades. Ya no compararía a todos con él. Ya no pensaría que todos son menos que él. Ya no tendría la actitud de "éste está chido, pero al único que amo es al dentista". Ya, todo sería borrón y cuenta nueva y hasta le había echado el ojo a uno... y resultó que ese uno es como yo era hasta hace poco: un adicto a la tristeza, un Florentino Ariza. Maldición, ya decía yo que había algo raro ahí. No entendía por qué si yo no le era indiferente, sólo se acercaba hasta cierto punto y no más. *sigh* Con suerte llegaré a ser su Leona Cassiani...

¡Pero no quiero ser su Leona Cassiani!

Me gusta imaginar que mi vida es como la de personajes de libros o películas. Entonces, prefiero que seamos como los chinos a los que les ponen el cuerno en "Deseando amar"; ambos empiezan a pasar tiempo juntos porque ambos tienen la misma pena y al final se enamoran. los dos tenemos la misma pena, sólo que él más fresquecita. Sugiero que comencemos a pasar más tiempo juntos...

Bah.