Es bien deprimente ver cómo en este pinche blog cada vez escribo más sobre un tipo que me gusta. Pero quiero creer que todavía tengo vida fuera de esos dramas amorosos. Como prueba de lo anterior diré que esta semana me la pasé fuera de casa (excepto ahorita, duh). Por fin conocí la calle de Presidente Masarik donde hay judíos y clasemedieros creídos, pero me la imaginaba diferente. Los demás lugares a los que fui son más que conocidos, como CU. Fui a hacer una evaluación física y prometo que no lo vuelvo a hacer. Me duele todo, sobretodo músculos cuya existencia desconocía hasta esta semana. Lo peor del caso es que en nuestro grupo nos tocó con una bola de tipas y tipos superdeportistas pertenecientes a algún equipo. Me sentí como la loser a lado de un montón de jocks dentro de una película gringa. Pero no me fue tan mal, saqué un promedio de B, o sea bien... aunque ahora me duela cada que me siento y me levanto.
Pero me deprime que ya comiencen a deprimirme por ratos los problemas amorosos. Ese tipo de problemas son triviales, me deprime que me depriman trivialidades. Hay gente con problemas de verdad. Bueno, pronto comenzaré a preocuparme por algo menos trivial, el desempleo. La gente sale a montones y yo quiero entrar. Mis preocupaciones dejarán de ser tan triviales y entonces podré olvidarme de las tristezas provocadas por el mal de amores.
La maestra de la clase de idioma me cae mal y le voy a tener que ver la cara mañana. Ni ganas me dan de estudiar estando en su clase. Otro problema trivial.