domingo, 28 de junio de 2015
Estoy en esa edad hermosa pero incómoda. Hermosa, porque todavía soy joven, ya gano mi propio dinero, soy independiente, puedo hacer lo que quiera con quien quiera y lo que elegí hacer es viajar, sigo siendo tonta pero no como cuando estaba en mis 20 (quiero creer que aprendí de las buenas y malas experiencias, que ya maduré un poquito). Incómoda, porque muchos me dicen que para cuándo la boda y el bebé, que se me va el tiempo. Yo no sé porqué tanta insistencia si es mi vida, no suya; yo quiero algo más auténtico que el matrimonio legal y religioso, alguien que esté conmigo porque quiere, sin ataduras, alguien tan maravilloso que me haga desear tener un hijo fruto del amor entre los dos (aunque suene cursi) y no tener un bebé con cualquiera sólo porque me estoy haciendo vieja o por no tener cuidado. El hombre que quiero no tiene que ser guapo ni rico, pero sí sincero y bueno (y tener un trabajo, nivel cultural y de estudios similar al mío, lo siento, en eso sí soy elitista). Me rehuso a conformarme con menos, como hacen tantas otras que se embarazan por accidente de cualquier cabrón en relaciones donde no hay amor