domingo, 20 de abril de 2014

Oaxaca, my love

Oaxaca resultó ser más bonito de lo que creí. Su mezcal y música ya los amaba, pero. Lo amé tantísimo que quiero irme a vivir ahí nomás que regrese a México. Ya nomás por eso tengo que volver, para vivir ahí con Bolette frente al mar. Aunque sea unos meses. Adoro la playa y las de Oaxaca me fascinaron. Me gustó Puerto Escondido, Huatulco, Zipolite, pero sobre todo amé Mazunte. Así bien hippie. Zipolite, Mazunte, Zicatela son playas relativamente vírgenes. No hay infraestructura hotelera y ojalá nunca la haya. Me encantó acampar frente al mar y dormir arrullada por las olas. Me gustó el oleaje alto y los diferentes tonos azul del agua. Amé el pueblito rústico, la calidez de la gente. Me volví fan de las posadas en medio de la vegetación con su barril de agua y jícara rodeados de láminas que hacían de lugar de aseo. Me gustó bañarme ahí. Comí excelente; si viviera ahí, sería una gorda. Me divertí enorme. Vi los atardeceres junto al mar que tanto me gustan y la luna llena. Quedé enamorada del lugar. También me encantó la capital, Oaxaca de Juárez, sus calles empedradas, fachadas de colores, comida, gente, plazas, iglesias. And last but not least, tuve muy buena compañía. Es bueno viajar sola, pero también es agradable viajar con otros andariegos. Sobre todo si son fans del anime; juntos fuimos a ver la Taquería Goku que sale en el video de "La cumbia de Goku", que está en las afueras de la capital de Oaxaca.

El lugar donde nos quedamos no estaba muy chido. Sólo había dos regaderas y tres excusados, y el agua se terminaba pronto, los baños se tapaban. Yo procuraba evitarlos. ¿Pero cómo exigir algo mejor cuando el paquete de viaje nos costó sólo $1500 por transporte, campamento y seis días de viaje y recorridos? Ahora sé que a mis 31 todavía aguanto un viaje al estilo universitario (poco dinero, pocas comodidades, pocas horas de sueño). Hice un viaje igual cuando tenía 22 y lo viví igual de bien, sin quejas y sin sufrirle. Quiero hacer un viaje igual a los desiertos de México, porque desde Egipto me enamoré del desierto. A ver si no vuelvo muy vieja y puedo hacerlo todavía al estilo joven estudiante pobre.

En fin, amé Oaxaca más que Chiapas o Guadalajara, más que San Miguel de Allende.