lunes, 6 de enero de 2014
Oficina nunca más
Cuando entré a la universidad, quería trabajar en una oficina al terminar mis estudios. Algo tranquilón, que me diera lo suficiente para viajar, comer y comprar las cosillas que me gustan. Luego de trabajar con académicos, entré a trabajar a una oficina. Llegué a Univision y todo era bueno y tranquilo aunque al principio no tenía amigos, obvio. Luego avancé en el trabajo, me cambiaron a una sección más importante y todo iba bien. Hice buenos amigos, vi que aprendo muy rápido y soy muy buena en lo que hago (modestia aparte), tenía mis coqueteos con alguien que me gustaba mucho y era mutuo, me alcanzaba para comprar vestidos, libros y así. Todo feliz. Pero luego de pocos meses dije, "¿esto va a ser mi vida? ¿sólo esto, un loop infinito de venir al trabajo, trabajar, irme a casa?". No era que no me gustara mi trabajo, pero me sentí decepcionada, triste y vacía. ¿Hasta cuándo iba a poder viajar? Tendría que esperar dos años para acumular días y tener un viaje decente. Me sentía en el infierno, porque además de mis buenos amigos había gente maldita que gusta de hacerle la vida imposible a los demás como en todos lados. Esa persona resultó ser mi disque jefa, con quien tenía que estar encerrada en un cuarto todo el día. Vivir para trabajar no es lo mío, había otras muchas cosas que ya no podía hacer porque el trabajo me absorbía. Para mí todo estaba mal, aunque para muchos esa vida está bien. No quiero volver a dejar mi vida en una oficina, al menos no por ahora. No entiendo cómo la gente que ha vivido así por años no se siente atrapada, vacía y triste. Bueno, quizá sí se sienten así y por eso hay tanto zombie idiotizado en el mundo. Porque no es como si con su trabajo estén haciendo de éste un mejor lugar para vivir. Por lo general son gente mal pagada que labora para alguna compañía que se está chingando al mundo o para el gobierno, que hace la misma cosa.