Leí Prelude to Foundation de Isaac Asimov hace unas semanas. Me gustó un chingo. No soy muy fans de la ciencia ficción. A veces he leído algunas cosas que me entretienen pero no me parecen grandiosas. Asimov sí me pareció grandioso. Leí que alguien se quejaba de que sus personajes y diálogos eran planos, cuadrados, sin chiste, pues. A mí me parecieron bien. Cuando leo ciencia ficción, lo que más me interesa es que la idea y el mundo ficticio sobre el que leo se desarrolle de manera chida y creíble, verosimil, y Asimov lo logra como científico con talento para escribir y narrarnos esas historias. Me gustan las historias sobre mundos futuros que estén tan bien pensados, desarrollados y escritos que me dejen la sensación de que bien podría pasar eso en siglos, milenios. Así es Asimov. Me gustó su universo, su Trantor y su psicohistoria. Sí, los personajes están un poco planos, so what? No creo que en las novelas de ciencia ficción sea muy importante el buen portrayal (¿cómo es eso en español?) del personaje. Para mí es más importante, por ejemplo, que la novela trate sobre eso llamado psicohistoria y matemáticas, ciencias, los mundos y sociedades que él vislumbró en su cabeza. Porque al final Asimov podrá escribir de mundos que no existen, pero las sociedades y los hombres que describe son como las de hoy. Él hace también crítica social de los pedos que han existido siempre, como clasismo y racismo.
Me enganché. Ojalá los demás libros de la saga de la Fundación me parezcan igual de chidos. Y pus hoy es cumpleaños de Asimov y el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leer su obra.