Mi psicoanalista me preguntó que por qué me costó tantísimo trabajo dejar de anhelar y añorar a un hombre que me había mostrado en múltiples ocasiones que era una persona agresiva, de sexualidad confusa y otro adjetivo negativo que ya no recuerdo. Le contesté que no sé. No sé, ojalá supiera. No es alguien que quiera para mí, para compartir mi vida, y sin embargo cuánto tiempo traté de acercarme a él, cuánto tiempo lo busqué, cuánto tiempo lo lloré, cuánto tiempo lo amé. Todavía lo amo, pero no quiero estar con él y lo que haga o no haga, si está con una nueva tipa o no, todo eso ya no me lastima (al menos no como antes). Todavía lloro, pero ya no es por él; las lágrimas caen porque no sospechaba que esa ilusión y esos sueños nunca podrían haber llegado a ser más que eso, su realidad era imposible. Me duele el alma porque creí construir castillos de piedra y ladrillo y no me di cuenta sino hasta muy tarde que sólo eran castillos en el aire. Lloro porque siempre es triste enterrar sueños muertos. El futuro juntos que yo creía posible si luchaba, si le echaba ganas, si cedía, si me tragaba mi orgullo, no tenía posibilidades de existir.
En ese tiempo, llegó un momento en el que perdí la visión y la noción de las cosas, de mí y de él. Me perdí tanto que durante mucho tiempo creí que yo era la culpable de todo. "Él es tan chido, él es tan maravilloso que si se porta así seguro es porque yo hice algo (o muchas cosas) mal", pensaba. Durante mucho tiempo creí que yo era tan poca cosa que no valía nada para él, además, sus palabras me lo sugerían. Y con tal de luchar por lo que yo anhelaba y de expiar la culpa que creí tener, dejé que él me humillara, que me lastimara una y otra vez y yo lo soportaba y hasta me volvía a poner de pechito para que repitiera la misma mamada cobarde y cruel. ¿Qué clase de persona le hace eso a alguien que le dice que lo ama, que le dice que quiere estar con él para cuidarlo y, básicamente, para caminar juntos el sendero llamado vida? Una muy dañada.
Las relaciones sadomasoquistas están de miedo y nunca creí que me pasaría. Él era el sádico y yo la masoquista. ¿Qué le pasa? ¿Por qué es así? Pero más importante, ¿por qué me dejé? ¿Por qué entré en ese juego? ¿Qué me hizo? ¿Qué me dio? ¿Me dio toloache? ¿Qué pasó dentro de mí, en mi mente, como para haber soportado tanto tiempo tanta mierda y hasta ir a buscar más, como si la que me hubiera dado no hubiera sido suficiente? ¿Fue porque en verdad creía que el amor lo puede todo? ¿Me gusta que me maltraten?
Sé que suena muy dramático y exagerado. Ojalá estuviera exagerando. La realidad es que así lo sentí. La realidad es que el asunto y su actitud para conmigo estuvo tan pasada de verga que la gente a mi alrededor y aun los que no son tan cercanos a mí percibieron su crueldad.
Ahora sólo pido dejar esto atrás lo más pronto posible y siento que voy por muy buen camino. Pido que, cuando mire atrás, ya no me duela mi falta de amor propio que permitió todo eso, como todavía pasa ahorita en los momentos en los que me pongo a recordar lo que permití y las lágrimas ruedan cuesta abajo. And last but not least, si él tiene la oportunidad de conocer y estar con alguien para compartir, viajar, amar y olvidar, con más razón yo debería de tener la misma oportunidad: conocer y estar con un hombre que me quiera bien, que busque, quiera, pueda y ESTÉ conmigo, un hombre de cuerpo sano y, sobre todo, mente sana. :)