jueves, 4 de noviembre de 2010

rogar

Quiero que este día quedé en mi memoria... y en el blog por si se me olvida.

No sé si lo que empiezo a hacer califique como rogar, pero según mi concepción del mundo, sí, estoy rogando... y le estoy rogando a un wey. No mucho ni descaradamente (porque apenas comienzo), pero sí. Es que ¿como para qué ponerse uno en la actitud de "hm, no me importa, no quiero y aunque quiera me aguanto?". Quiero ir con él e insistiré e insistiré y haré lo que pueda para lograrlo. No nada más diré, "ah, sale, tonces ahí luego" o "me ignoró, pues yo lo ignoro". No. ¡Ya no más! Lo curioso es que no creo estar perdiendo mi dignidad ni estarme arrastrando ni nada de todo eso que solía creer sobre el rogarle a un wey que te gusta. Ahora sólo espero que esto rinda frutos y me diga que sí. Ah, me está evitando, yo lo sé, pero hoy no hice drama por ello. No porque me esté aguantando, simplemente no sentí feo. Digamos que me estoy acostumbrando a que sea gandalla, pero no me lo tomo muy a pecho. Por eso me ando aplicando y qué bueno porque ratito después, la vieja tonta también puso algo. Y me siento de nuevo en competencia... de la que tendré la ventaja si me dice que sí va. ¡ONEGAIIII!