miércoles, 25 de febrero de 2015

Mujeres felices y mujeres tristes

Mi aventurilla con el uruguayo duró menos de lo que pensé. Me quejo de lo que me hizo F. Así no se trata a las mujeres. Sin embargo fue algo bueno, porque me hizo ver pronto la clase de persona que es. Así no me encariñaba más ni perdía más mi tiempo. Me quejo mucho y me siento decepcionada, por ratos triste, cuando la verdad es que soy muy afortunada. Tengo salud, dinero para hacer lo que más me gusta (aunque tenga que sacrificar algunas cosas para tenerlo), amor de lejos (que espero no resulte de pendejos), soy atractiva (en Montevideo he descubierto cuán atractiva les resulto a hombres que no son mexicanos), soy inteligente, tengo no una, sino dos carreras universitarias, leo mucho, viajo mucho. No dependo de nadie para hacer las cosas y no es tan fácil que me hagan pendeja. Tuve muchas oportunidades que he aprovechado. Mi vida ha sido buena. Luego pienso en la chica por la que F. me cambió. Es una chica sin estudios, que no lee, de clase baja, con un hijito de año y medio a sus 21 años, casada con un tipo al que ya no quiere, que vive en algún lugar aburrido de Uruguay, que no va a tener oportunidad de cumplir muchas de las cosas que quisiera hacer, que atiende una cafetería, sin oportunidades de crecer o hacer algo más. Me parece una vida triste. Para colmo de males, se le aparece un desgraciado disfrazado de príncipe. Quizá con ella resulte diferente, pero el historial de F. con las mujeres indica que podría pasar lo contrario. Si ése es el caso, la que va a salir perdiendo es ella y va a resultar más jodida de lo que ya está. Ojalá que no sea ése el caso.

Al principio me sentía triste porque sé que muchos hombres van a cambiarme por mujeres más simples, sin estudios, dependientes, impresionables, hasta tontas algunas de ellas. Pero me di cuenta de que en realidad soy muy afortunada. No quisiera ser como ellas, como la chica de 21 años que tiene un hijito y atiende una cafetería, como la boba por la que Flor me cambió (no la que leía, sino la otra) sólo para que algún hombre que ni vale la pena me prefiera. Mejor ser como soy y ser más libre, más independiente, más plena y muchomás feliz.